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Rafael Hernandez

BIOGRAFIAS
Rafael Hernández, nació el 1º de Septiembre de 1840 en la Chacra de Pueyrredón, partido de San Martín; Provincia de Buenos Aires, Argentina. Su nombre completo: don Rafael José del Corazón de Jesús Hernández Pueyrredón.

Sus padres fueron Pedro Pascual Rafael Hernández e Isabel Pueyrredón. Su padre era hacendado en la provincia de Buenos Aires, y propietario de una barraca de comercio en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires.

Tenía dos hermanos: José Rafael, autor del “Martín Fierro” de quien era seis años menor, y doña Magdalena nueve años mayor que él.

Sus tíos: Eugenio y Juan José Hernández, estuvieron muy ligados al crecimiento de su patria. Eugenio abrazó la causa de la independencia logrando en las expediciones emancipadoras, el grado de Coronel. Juan José, peleó en la Batalla de Ituzaingó contra los Portugueses, instaló en Choele – Choel la primer avanzada cristiana, luchó contra los indios en la Campaña al Desierto (1833-1834) y desencarnó como Coronel frente a la infantería de Rosas, en la batalla de Caseros.

Desde chicos, Rafael y sus hermanos, sufrieron las tendencias políticas antagónicas de su familia: Federales los Hernández y Unitarios los Pueyrredón.
En 1840 Rosas persigue a los Unitarios, entre ellos a Mariano Pueyrredón, cuñado de Isabel. Es tradición familiar oír que un día a la tardecita, un fornido mulatón a caballo, simulando una gran borrachera, rondaba la Chacra de los Pueyrredón. Donde anticipa a los dueños la cercanía de la Mazorca, diciendo con ademán de degüello: “No se va a salvar ni esta”, mientras señalaba a Magdalena.

Era el asistente del jefe de la caballería Rosista.

Su madre muere el 11 de Julio de 1843, quedando ellos al cuidado de su abuelo José Gregorio Hernández Plata.

Su padre se dedica a tareas agropecuarias, llevándoselos con él temporadas muy largas. Es ahí, al amparo de su padre, donde los hermanos Hernández empiezan a conocer la vida del gaucho.

El 5 de Junio de 1857, un día de tormenta, iban Rafael y su padre a caballo cuando un fulminante rayo acaba con la vida de su adorado progenitor.
José se dedica al campo y Rafael debe volver a Buenos Aires a terminar sur estudios en el clegio Republicano Federal y luego la universidad donde se recibe de Agrimensor Nacional. Fue además Geógrafo e Ingeniero.

Crece entre los hermanos un amor sólido, un gran respeto y admiración mutua que se prolonga por el resto de sus vidas, eran inseparables; prueba de esto se lee en el “Martín Fierro”:

“ me han contado que el mayor nunca dejaba a su hermano…”
Durante la difícil época de enfrentamientos entre unitarios y federales deben trasladarse a Paraná.

Se incorporan como oficiales al ejército de la Confederación y son destinados (ambos hermanos) al batallón comandado por el Coronel Eusebio Palma, donde Rafael Hernández fue abanderado.

Lucha ferozmente en la batalla de Cepeda (1859), luego en la batalla de Pavón salvando milagrosamente la vida.

Combate sus ideales fuertemente desde sus artículos periodísticos, Rafael Hernández tiene una tendencia natural por las letras y de ahí su copiosa producción.

Es político y guerrero, se traslada a la Banda Oriental para ayudar a sus hermanos uruguayos quienes lo necesitan.

En 1864 lucha en Paysandú bajo el grado de Capitán, donde Rafael Hernández es el único de la guarnición que no cae prisionero, se libra de ser asesinado, pero herido de bala de cañón en una pierna logra con sus conocimientos de baquiano burlar la vigilancia del enemigo y llegar a la Isla Argentina de Caridad. Ahí lo encuentra José, quien había salido en su busca junto a su amigo Carlos Guido y Spano, prodigándoles los cuidados necesarios para que se reponga.

La batalla de Paysandú y el perder aligos tan queridos0lo marcó tanto que su escudo representa los seiscientos efectivos que lucharon, siendo él, el único sobreviviente.

Por su trabajo de Agrimensor y el destierro político que sufren, recorren él y su hermano José, el interior del país durante varios años, adquiriendo conocimientos y recogiendo impresiones del estado político y social de la población.

Todo la experiencia que recoge Rafael lo plasmará su hermano José en el “Martín Fierro”, junto a la suya, demostrando nuevamente la verdadera unión que había entre ellos.

Se casa en 1870, en Buenos Aires, con Anselma Valentina Serantes Pita quien muere pocos años después (1881), dejando a Rafael, Carmen, Magdalena, Sarah Anselma, Pastora, Inés, Celia y Ricardo (quién murió siendo pequeño).

Rafael cuida y educa a sus hijos, sin descuidar a los de su hermano José mientras dura su nuevo destierro político y aún después de su muerte.

Cuando Buenos Aires es azotada por la fiebre amarilla envía a su familia a la Chacra Pueyrredón y se queda a prestar sus servicios. Recibe por el pueblo la Cruz de Hierro y la Medalla de Oro de la municipalidad en gratitud a su ayuda.

Rafael es nombrado en calidad de Agrimensor Nacional, Vocal del Departamento de Ingenieros de la provincia y encargado de la sección de Catastro y Geodesia del mismo departamento.

Mantiene una constante actividad creadora, el 30 de abril de 1887 se incorpora, Rafael Hernández, al Senado de la Provincia y es nombrado presidente de la Municipalidad del barrio de Belgrano a cuyo progreso se dedica con generoso esfuerzo.

Es el primer periodista de la zona y funda entre otros periódicos: “El progreso de Belgrano”. El periodismo es para él un instrumento desde el cual ocupa su puesto de lucha.

Junto a su hermano, donaron la manzana del mercado, con la condición que se destinara la mitad para el mercado y la otra a la plaza: actual Plaza Noruega.

No hay proyecto importante que no lleve su firma y del que sea portavoz. Sus ideas avanzadas, su afán de progreso son defendidas con sus palabras cálidas y seguras. Brilló con luz propia en los más altos cenáculos de la política, de la filosofía y de la pedagogía de su tiempo. Hombre formal, distinguido en el gran sector intelectual en que le tocó actuar, dictando normas de buena conducta, de hombría de bien y alto sentido de amor al prójimo.

Fue Diputado Nacional, elegido el 3 de Mayo de 1875, ejerciendo hasta 1877. Tanto en su puesto de Diputado como en el de Senador fue donde tuvo ocasión de mostrar sus claras y singulares condiciones de orador.

Al mismo tiempo forma parte del Directorio del Ferrocarril Oeste, perteneciente a la provincia y en poco tiempo se ejecuta la línea férrea desde 9 de Julio a Trenque-Lauquen, realizado con capital argentino.

En 1877 otro gran maestro del Espiritismo, don Cosme Mariño, hallándose en la localidad bonaerense de Dolores, inicia su actividad profesional de Procurador, y también su conocimiento en el Espiritismo en las reuniones que se realizaban en la casa del ilustre abogado del lugar, don Pedro Bourel.

Necesitado Mariño de los servicios profesionales de Rafael Hernández como Agrimensor, para un campo cuya testamentaría tenía a su cargo, lo contrata y conversa con éste de sus flamantes conocimientos del fenómeno Mediúmnico, cual no sería la sorpresa de ambos al descubrir que tenían idénticas inclinaciones. Hernández era médium escribiente e inmediatamente instruyó a los novicios que se reunían en la casa de don Pedro Bourel, cómo debían realizarse las sesiones: las evocaciones y los recaudos propios.

La relación entre Mariño y Hernández se hizo cada vez más estrecha, y cuando se trasladaron a Buenos Aires, siendo ya el primero presidente de la Sociedad “Constancia” (fundada en 1877 y aún en actividad), tuvieron oportunidad de actuar juntos en muy recordadas circunstancias correspondientes a la historia del Espiritismo en la Argentina, tanto en dicha Sociedad como en un amplio sector de la opinión pública.

Rafael Hernández fundó la ciudad de Bolívar en 1877, y en 1833 proyectó las fundaciones de Pehuajó, General Guido y Coronel Pringles. A orillas del arrollo Claromecó asienta la ciudad de Tres Arroyos. Dirigió importantes colonias agrícolas, como “la Candelaria” y “Santa Ana” en Misiones, donde residió temporariamente. Fomentó y levantó en todos los rumbos del país, industrias para la materia prima nacional.
Junto a su hermano José perteneció a la Masonería, de la que fue conspicuo adepto, en cuanto desde ese centro se tendía a mejorar la situación de progreso de la patria.

En 1888, funda “ Nueva Plata ”, partido de Pehuajó (conocido como pago hernandiano), en homenaje a su hermano José quien muere el 21 de Octubre de 1886 en sus brazos, sufriendo un ataque de diabetes. Se convierte en el primer biógrafo de su hermano, y fue el único corrector del “Martín Fierro”.

Luego de la desencarnación de su hermano se hizo cargo de sus sobrinos sin descuidar a sus hijos, ya que su esposa había desencarnado en 1881.

El pueblo “Nueva Plata” lo delineó aplicando el criterio de la conformación de la ciudad de la Plata. Allí puso el nombre de Allan Kardec a una de sus calles e hizo colocar un busto de éste en la plaza principal. Tal vez haya influido en ello la esperanza de emplazar una ciudad eminentemente espírita, inspirada en su fe por la Doctrina.

En 1889 el Ministro Gonnet, sin fundamento alguno, quiere vender los ferrocarriles a Inglaterra, Hernández protesta valientemente y con toda su furia en defensa de los intereses del pueblo.

Desde su función legislativa da fuerza a su proyecto universitario, solicita subsidios para las bibliotecas públicas y por su iniciativa, en 1889, se declara obligatoria en todas las escuelas provinciales la enseñanza del Himno Nacional.

En 1891 termina su primera Senaduría y es reelecto hasta 1893.

Su obra cultural máxima la manifiesta con la Fundación de la Universidad de La Plata.

“ La Universidad es la representación genuina y legítima del Espíritu  de independencia y libertad. ”
En las Facultades de Agronomía y Veterinaria, desempeñó las funciones de decano. También fue obra suya la creación y organización de la “Escuela Experimental” de Santa Catalina, en la que se iniciaron los primeros veterinarios argentinos y uruguayos.
Como escritor Rafael Hernández canta opinando, lo vemos en la cantidad y calidad de sus obras, su oratoria y discursos son idiomáticamente pulcros y medidos.

Escribió mucho pero la mayoría son artículos periodísticos, también en prosa y verso: “Cartas Misioneras”,“Justicia Criminal”,“Viaje de un Peso”, “Materialismo y Espiritualismo”,“Pehuajó: Nomenclatura de las calles&rdqto;,“Cartillq Taquigráfica”,“El Catastro”,“Transmisión Telegráfica”,“En Barro inglés Diez millones”,“Irrigación de la Provincia con Aguas del Riachuelo”,“ El 25 de Mayo”,“Sufragio Calificado”,“ 15 años de Historia Contemporánea”,“Patria y Caridad”, “Pozos Semisurgentes”, “El Mus”, “Armonías Industriales”, “Mi perra Filis” y muchos más de diversos temas.

“Justicia criminal”, de Rafael Hernández demuestra la realidad del Martín Fierro y que la situación denunciada por su canto heroico continúa hasta nuestros días. El mismo nos dice:

“ Por asimilación, si no por cuna, soy hijo de gaucho, hermano de gaucho y he sido gaucho ”.

Vemos que Rafael Hernández tiene una personalidad múltiple y pródiga, es hombre de pluma y espada.

En 1897 cuando era presidente del Honorable consejo de Pehuajó, instigó a que se redactara y aceptara la ley que imponía nombres de escritores y poetas argentinos a todas las calles de esta localidad.

En 1900 se realizó la Exposición de Productos Nacionales, Rafael concurrió con un muestrario que llamó poderosamente la atención, por su calidad y cantidad. Como resumen podemos decir que fue autor de obras que representan progresos en la historia del desenvolvimiento industrial y comercial de la república.

Fue soldado en épocas heroicas, político, legislador, explorador, escritor, industrial, fundador de pueblos, educador, agricultor e inventor del sistema de taquigrafía y de marcas.

Su alma noble y generosa sólo se proponía un fin: el bien de la humanidad fomentando la industria nacional y la agricultura en toda sus fases.

Donde quiera que encaminó sus esfuerzos obtuvo triunfos e hizo el bien.

SU ACTUACIÓN ESPÍRITA
Ya hemos dicho más arriba, que Hernández poseía las dotes de médium psicógrafo, y también fue un gran orador, virtud que aplicó con éxito en sus salidas espíritas a fines del siglo XIX.

Don Cosme Mariño en su obra “El Espiritismo en la Argentina” cuenta de él: “No era un conferenciante melifluo y amanerado, no; él se presentaba a defender sus ideales valiéndose a veces de una dialéctica seria, cuando trataba de dilucidar temas científicos, o de elevada filosofía, pero este estilo no lo mantenía hasta el final; por el contrario, no pasaban cinco minutos sin que llevase el curso de sus razonamientos de tal modo que los remataba en una forma festiva e irónica, evitando así, en lo posible, que decayese el interés del auditorio; frecuentemente, esta manera de proceder, provocaba espontánea hilaridad y aplausos de parte del público. Así que se había hecho de la simpatía general con sus salidas ya campechanas, ya severas, pero en las cuales campeaba siempre el estilo criollo, porque el ingeniero Hernández era tan criollo en sus modalidades y estilo como su hermano José”.

También nos cuenta Cosme Mariño que “no recordaba a otro político de los que conocían y profesaban el Espiritismo, que con tanta espontaneidad y sin reticencias, confesara y divulgara públicamente sus opiniones”. Ejemplo de espíritas dentro de la política son el Dr. Miguel Cané, político, diplomático y senador nacional; el Dr. Enrique Moreno, diplomático; como también los Dres. Isaac Jacob y Nicanor Larrain, quienes no confesaban públicamente sus creencias ya pue, según ellos, |os perjudicaría en su actuación política y en sus profesiones. Según Mariño “estos personajes, pasaban entre nosotros como espiritistas vergonzantes, pues cuando deseaban hablar sobre estas cuestiones lo hacían en una forma reservada y siempre protestando de su posición social o política no les permitía entrar de lleno en la lucha. Pero Rafael Hernández no era de estos; él manifestaba públicamente sus ideas filosóficas y religiosas que se deducen del espiritismo, y los que querían propasarse tratando de ponerlo en ridículo, le salía la oración por pasiva, pues eran ellos los que quedaban en el más espantoso ridículo, porque, como hemos dicho, Hernández poseía esa feliz cualidad de tener la respuesta en la punta de los labios, y con pocas frases ponía de manifiesto la ignorancia y pedantería del interlocutor haciendo rebotar sobre él, el ridículo que se le quería colgar”.

Son famosos sus “duelos oratorios” con personajes que atacaban al Espiritismo en la Argentina, como los que mantuvo con el Dr. Puiggari y el profesor Peyret.

El Dr. Miguel Puiggari era profesor de química de la Universidad de Buenos Aires y decano de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas. En 1881 salió a la palestra para tratar de aclarar “qué era lo que había de verdad en el espiritismo”, todo ello despertó gran interés y fue publicado en los más importantes periódicos. Mucha gente asistió a escuchar a este ilustre orador, que según se suponía, iba a decretar “la muerte de esos locos que se hacían llamar espíritas”. La audiencia, en su mayoría intelectuales, no salió conforme pues esperaba una argumentación más sólida y contundente como para que cumpliera con los propósitos anunciados.

En combinación, Mariño y Hernández solicitaron a Puiggari la cesión del salón para realizar una conferencia rebatiendo los conceptos expuestos. Así fue como se hizo la “Conferencia de la réplica”, famosa por sus implicancias, reunió una mayor cantidad de oyentes ilustres, entre quienes se encontraban: los jóvenes estudiosos y famosos más tarde, como Pedro N. Arata y José M. Ramos Mejía; el Dr. Nicolás Avellaneda; el General Julio A. Roca, en el momento presidente de la República; el Dr. Eduardo Wilde y miembros integrantes del Poder Ejecutivo Nacional.

Hernández se presentó con “aire resuelto y confiado”, a decir de Don Cosme Mariño. En su exposición acudió a las bases prehistóricas que sostienen la idea espírita, incursionando luego por andariveles científicos, presentando como fehaciente prueba, fenómenos innegables, a los cuales no se podía poner en tela de juicio sin desconocer lo que grandes sabios brindaron a la humanidad en tal materia, llegando a la conclusión de que la existencia del mundo espiritual y su comunicabilidad con el nuestro, como lo presentaba el espiritismo, era una verdad científicamente comprobada.

Si bien algunos jóvenes positivistas que consideraban al Espiritismo como una “superchería de hombres incultos o ingenuos”, habían asistido con la intención de crear un escándalo, la habilidad dialéctica de Hernández cambió el panorama, haciendo amena e interesante la conferencia, intercalándola con frases ingeniosas que llegaban a provocar risas y aplausos espontáneos.

Se agitó tanto el ambiente, que no fueron pocas las personas de sano criterio que se acercaron al espiritismo. Mariño concurrió a los diarios más importantes, quienes habían publicado en forma íntegra la conferencia de Puiggari, pero no tuvo éxito, por lo cual se resolvió editar un libro con las exposiciones de ambos oradores, con un texto adicional de Mariño, bajo el título de “Espiritismo”, se editaron 2.500 ejemplares que se distribuyeron en forma gratuita.

En sus conferencias llegaba la concurrencia a ser muy numerosa, más de 2.000 persona, pero todas quedaban absortas escuchándolo y nadie daba muestras de aburrimiento o cansancio, incluso en actos que duraban más de un día como el homenaje realizado al maestro Allan Kardec el 5 de Octubre de 1885, en el teatro Goldoni.

Fue tal el revuelo que causaron en el ámbito ciudadano, estas “salidas espiritistas”, que el presidente de la República, el General Julio A. Roca le solicitó al Don Alejo Peyret, profesor de Cursos Libres del Colegio Nacional, que diera una conferencia pública sobre Espiritismo. Peyret que era amigo personal de Hernández, le confesó a éste que eran muy pocos sus conocimientos sobre el tema, pero que por insistencia del presidente, que quería saber a ciencia cierta, de qué se trataba, se había visto obligado a ocuparse del asunto.

Don Cosme Mariño y Rafael Hernández asisten a la exposición de Peyret y, una vez terminada la misma, abordaron al orador y le manifestaron que estaban dispuestos a rebatir lo expuesto.

Les prestaron para tal fin el teatro Ópera, y durante los preparativos les avisaron que un grupo de jóvenes del club El Progreso se estaban preparando para echarles a perder la velada, Hernández cuando se enteró dijo:”ya estoy prevenido y le aseguro que los que quieran impedirme el uso de la palabra, no van a salir del teatro sin que se lleven una buena lección” . El acto tuvo lugar el 30 de Octubre de 1885, en la platea se hallaban el profesor Peyret y gran número de profesores universitarios, entre ellos el Dr. Puiggari.

Hernández inició una larga exposición, poblada de complejísimos datos, perfectamente desarrollados que supo matizar para no cansar al auditorio, con ocurrencias oportunas, irónicas unas veces para sus oponentes, graciosas otras. Aprovechando una ola de aplausos que brindó la concurrencia, el grupo perturbador acometió con una serie de silbidos. Hernández no se perturbó y enfrentó al grupo, señalándolos y censurándolos con firmeza, al punto que se levantaron algunas personas pidiendo al orador que prosiguiera, pues ellos no iban a permitir que se malograra una exposición que estaban muy interesados en escuchar. Los agitadores se silenciaron y el profesor Peyret se retiró con fútiles excusas.

Posteriormente los opositores del Espiritismo resolvieron no volver a ocuparse del asunto, reconociendo que ello servía de propaganda favorable a los que ellos querían derrotar.

Hernández fue gran amigo de Pancho Sierra, médium curador. Cuando este último desencarna el 4 de Diciembre de 1891, un grupo numeroso de personas y entidades pertenecientes a las localidades vecinas a Pergamino, que habían recibido los beneficios curativos de este médium, quisieron rendirle un adecuado homenaje, así resuelven concurrir en masa a la ciudad de Salto, donde estaba emplazada la bóveda que contenía los restos de Pancho Sierra. Se nombró una comisión en 1892, integrada por delegaciones bonaerenses que resuelve colocar una placa de bronce ante la tumba del médium, y designar a Rafael Hernández como presidente de dicha comisión. Tuvo a su cargo el discurso de apertura y cierre, el cual fue tan elocuente y brillante que fue publicado en el diario “El Día” de la ciudad de La Plata. En el cierre había resumido genialmente los discursos precedentes, haciendo notar que en ellos estaba comprendida la base fundamental de la Doctrina; “que las sociedades y los pueblos no necesitarían más constituciones y reglamentos para la felicidad en la vida, que la ley de caridad que Jesucristo nos dictó. Que la caridad es amor; que todo en el universo nace, crece, se multiplica y progresa por la ley fecunda del amor, y en donde el amor impera, todas las leyes sobran”.

De noble corazón, tierno, sensible y de una bondad infinita supo ganarse el corazón de sus hijas que lo adoraban y cuidaron hasta el fin de sus días. Este ilustre espírita dejó su última encarnación, el 21 de marzo de 1903, a los 63 años de edad, en su casa, ubicada en la calle Charcas, a causa de la misma enfermedad que su hermano.

Ese mismo día, Carlos Guido y Spano envió al hijo de Rafael Hernández la siguiente misiva:

“ Mi querido Rafael: Sorprendido esta mañana por la fatal noticia, mi esposa Micaela y mi hijo Tomás me representarán al sepultarse a su excelente padre y mi amigo desde la juventud. ¡Muerto Rafael Hernández, exuberante de vida y de espíritu febril!. Es un golpe asestado en pleno corazón a los que tanto lo amaron. Estrecho en mis brazos al hijo inconsolable, acompañando en su duelo a toda la familia.”
BIBLIOGRAFÍA :
– “Pehuajó”, Rafael Hernández.
– “El Espiritismo en la Argentina”, Cosme Mariño.
– “Suplemento libro La Idea”, N° 17, Mayo 1970.
– “Pancho Sierra”, ignotus.
– “El Líder”, César Bogo.
– “Rafael Hernández”, La Idea N° 3, César Bogo
– “Biografía de Rafael José Hernández, fundador de la Universidad Nacional de La Plata”, Ana Aramendi Jurado.
– “Historia de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata”.
– “Genealogía de Don José Hernández, autor del “Martín Fierro”, Lucio Pérez Calvo.

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