Ugarte - ESPIRITAS

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Antonio Ugarte
(1852-1918)


Don Antonio Ugarte, junto a su esposa, doña Rosa Basset, fundó la Sociedad Espírita “La Fraternidad”, en 1880, la segunda más antigua de la Argentina, actualmente sita en la calle Donado 1124, Capital. La primera fue “Constancia”, fundada por su amigo y hermano de Doctrina, don Cosme Mariño, también vigente en nuestros días.
La figura de este hombre luchador, culto y devoto divulgador de la Doctrina Espírita se agiganta con el correr del tiempo porque está hecha de humildad, entrega y amor, cualidades excelsas del alma humana, cuando se sabe hija de Dios.
Doña Rosa, (1835-1909) Rosita, como la llamaban los más cercanos, era una gran médium curadora y psicofónica. Cuentan los relatos que el salón se llenaba de personas deseosas de ser asistidas por ella, quien, hasta los últimos momentos de su vida, trabajó incansablemente como obrera fiel a Jesús, por más de treinta años. Fue directora de la escuela que existía en la Sociedad, para los estudios doctrinarios y de las tareas de asistencia social a los más necesitados, enfatizando, especialmente, el taller de costura, activo hasta nuestros días, donde las señoras trabajan para poner en práctica la máxima de Allan Kardec: “Sin caridad no hay salvación”. Fue modelo de discípula del Rabí de Nazareth, llevando su sonrisa y su mano amiga a todos los que recurrían a ella.
Doña Rosa



A pesar de la gran diferencia de edad entre ambos, ya que ella le llevaba diecisiete años, fueron una pareja muy feliz y vieron coronado su amor con una hermosa hija, María Luisa, quien continuó su obra.
Los Ugarte se inician en el Espiritismo, como la mayoría de la gente de la época, o sea, observando los fenómenos mediúmnicos, recientemente traídos de Europa, que despertaban el interés por el mundo de los Invisibles.
En 1877, estando ellos reunidos con unos amigos, en una de las acostumbradas reuniones de tertulia, donde se disfrutaba de la conversación y la música, un amigo les habla por primera vez del Espiritismo y los invita a presenciar una reunión. Allí observan, muy sorprendidos, como una mesa giraba en el aire y se levantaba, estrellándose en el techo. Luego, con ayuda de un abecedario, colocado sobre ella, se manifestaba un espíritu que dice llamarse Clara. A preguntas inteligentes, reciben respuestas, igualmente inteligentes. Esta llegó hasta el Presidente de la Nación, don Bartolomé Mitre, quien si bien no se inscribió en las filas, fue un admirador de sus enseñanzas.
Ugarte fue un gran trabajador del naciente movimiento espírita en la Argentina y desde 1888 comienza a planear la creación de una entidad que agrupara a todos los grupos espíritas dispersos por la Capital y el interior de la República. El objetivo era claro, debía existir una ley y un orden para defender a los espíritas y para unificar criterios, respecto al estudio de la doctrina y su práctica mediúmnica. Como todas las enseñanzas eran muy nuevas, existía diversidad de criterios en varios aspectos doctrinarios que perjudicaban su consolidación. Se mezclaban antiguos conocimientos populares, curanderismo y charlatanismo con las claras enseñanzas del Codificador.
Así nace la idea de formar una confederación, la CEA. Pasan los años y la reorganización se hace difícil. Algunos no aceptaban esta idea y otros intentaban ser los conductores. En 1890 se forma la primera comisión directiva pero será solamente el 14 de junio de 1900 que se consolidará la idea y así nacía la CEA. Ugarte le cede el lugar a Cosme Mariño, quien asume como el primer presidente de la Confederación Espiritista Argentina.
Eran épocas económicas difíciles. Antonio Ugarte cede su revista “La Fraternidad” a la CEA y ésta se vuelve, por varios años, el organismo oficial del Espiritismo. Asume la presidencia de la revista Manuel Sáenz Cortés. También cedió el edificio de La Fraternidad para las sesiones de la Confederación, hasta que tuviera el suyo propio.
El sueño de Ugarte fue ver concretada la unificación de todos los grupos espíritas bajo la bandera de Kardec: “Sin caridad no hay salvación” y la realidad de un profundo cambio interior en cada uno de ellos, comprometiéndose con la reforma íntima, máxima indispensable para todo trabajo espiritual.
Fuentes Consultadas:
BOGO, César. “Fraternidad Centenaria”, Publicación La Fraternidad.
BOGO, César. “Una larga trayectoria institucional – CEA”, Publicaciones de la CEA.
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